lunes, 8 de octubre de 2018

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Jonathan Domínguez abrió el sábado las fiestas patronales de Barrio Nuevo con la lectura de un Pregón cargado de emociones

Domínguez reivindica en su pregón la necesidad del traspaso de tradiciones, conocimientos y recuerdos del Barrio Nuevo de abuelos a nietos para que no se pierdan. El concejal ofreció un pregón cargado de sensaciones que logró un sonado y largo aplauso en la parroquia viñanera.

La presidenta de las fiestas, Jeen Alonso, entrega al pregonero un presente.

La concejala de Fiestas, Atenery Falero, asistió al acto en apoyo de su compañero.

Gospel Shine Voices en plena actuación.

La parroquia prestaba un lleno total de su aforo.

El pasado sábado 6 de octubre, por primera vez en la historia la parroquia de Barrio Nuevo abrió sus puertas para acoger el acto de lectura del pregón de las Fiestas Patronales en honor de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que fue leído por el Teniente de Alcalde del Área de Seguridad Ciudadana de La Laguna, también concejal del barrio, Jonathan Domínguez. La parroquia completó aforo para la ocasión, en cuyo acto también se llevó a cabo un homenaje al cura párroco del barrio, don Santiago Cruz, actuó el grupo Gospel Shine Voices, y se inauguró la exposición “María, 7 islas, 7 Amores” del artista lagunero Santiago González Arvelo.

En lo referente al pregón, Jonathan Domínguez dividió su presentación en dos partes, una inicial con referencias históricas sobre la evolución de las fiestas y del propio Barrio Nuevo en sus 75 años de historia, y una segunda parte cargada de emociones, mucho romanticismo y mensajes de concordia. Domínguez hizo referencias en su primera parte a personas como Elfidio Alonso, ex alcalde y vecino del barrio muchas veces injustamente olvidado, y al ex presidente de las fiestas Antonio Lugo, ya fallecido, líder en los años de mayor esplendor de los festejos.

En la segunda parte, la inició de manera brillante nombrando a la ex voluntaria de Cáritas, Ofelia Cruz, ya fallecida, mujer de profundos valores cristianos que dejó gran huella en Cáritas Barrio Nuevo. Emocionó al público asistente el relato histórico romántico que enhebró a razón de los mensajes y buenos consejos de vida que le dejo como legado en su memoria “Fela” Cruz.

El barranco, las libélulas, las ranas, los niños y las niñas, las fábricas y el olor a galletas y caramelos, fueron los hilos conductores hacia unos profundos mensajes en los que Domínguez reivindicó la unidad entre los vecinos, la responsabilidad de traspasar los valores y memoria colectiva del barrio de abuelos a nietos para que no se pierda. La responsabilidad de todos los colectivos del barrio en trabajar para unir familias y no para dividir o fomentar fronteras entre barrios hermanos. Los vecinos calificaron el pregón de brillante alegato a favor de la concordia.

PUEDE LEER EL PREGÓN COMPLETO EN EL SIGUIENTE ENLACE:



PREGÓN BARRIO NUEVO 2018

PREGÓN DE LAS FIESTAS PATRONALES DE BARRIO NUEVO - VIÑA NAVA EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE FÁTIMA DEL AÑO 2018

Don José Jonathan Domínguez Roger – Bessú

Ilustrísimo Sr. Teniente de Alcalde - Concejal del Área de Seguridad Ciudadana y Movilidad del Ayuntamiento de La Laguna. 




Ilustrísima Señora Concejala de Fiestas,

Señora Presidenta de la Comisión de Fiestas,

Señor Presidente de la Asociación de Vecinos,

Señor Párroco de nuestra comunidad,

Demás autoridades, representantes vecinales,

Vecinos y amigos todos.



Buenas Noches;

Antes que nada expresarles mi más afectuoso cariño y agradecimiento, por brindarme el honor, de poder estar hoy aquí ofreciéndoles desde el corazón, una cadena de palabras con las que intentaré transmitirle sentimientos, conocimientos, y sueños para nuestro barrio y sus gentes. 

Debo afirmar, que cuando el presidente de la Asociación de Vecinos de Barrio Nuevo – Viña Nava, el incansable Juan Luis Marín, me trasmitió hace unos meses que la junta directiva de la asociación, con el apoyo explícito de nuestro párroco, querían transmitirme la invitación para ser el pregonero de las fiestas patronales de 2018, sentí una mezcla de sentimientos encontrados entre satisfacción y temor. 

Satisfacción porque para mi, estar hoy subido en este púlpito, en la parroquia construida sobre la tierra en la que estuvo el templo en el que me bautice, en el que viví mi catequesis, y en el que jugué tantas tardes de sábados, en la preparatoria de mi primera comunión, es cuento menos emocionante. 

Subido para pregonar las fiestas del Barrio Nuevo, comunidad hermana, vecina y propia, a la que tantos años he dedicado desde el movimiento vecinal y desde la política en las responsabilidades que he asumido en estos últimos años, no puede ser más que un motivo de alegría y satisfacción. 

Y temor, por el miedo a no estar a la altura de tremendo honor, a errar con los contenidos que pudiera ofrecer en mi presentación, o simplemente no saber transmitirles con mis palabras lo que mi corazón siente cuando me vienen a la cabeza los recuerdos que me transmitieron tantos mayores, mis vivencias, o mis planteamientos sobre el presente y futuro de nuestro barrio. 

Temor a no saber reivindicar como creo, la importancia y la historia de las Fiestas Patronales de Barrio Nuevo Viña Nava en honor de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Temor por no ser muy bien entendido cuando afirmo que lo importante no son las calles, las cosas o las fronteras, sino las personas, sus sueños y las esperanzas compartidas. 

Pero acepté y aquí estoy abriendo nuestra fiesta de la mejor manera que se, con mi palabra, mi pasión y mi corazón, que abro ahora para repartir amistad, unidad, esperanza e ilusión por este proyecto compartido que llamamos Barrio Nuevo. Por esta tierra que sembramos con nuestras casas para en ella vivir y compartir lo más valioso que tenemos, nuestro tiempo de vida. 

Así pues, inicio mi pregón invitándoles a un viaje por el tiempo, para recordar lo que vivimos o lo que nos contaron en el camino de la vida, que juntos hemos transformado en comunidad y barrio. 

“Deprisa como el viento van pasando los días y las noches de la infancia. Un ángel nos depara sus cuidados, mientras sus manos tejen las distancias. Después llegan los años juveniles, los juegos, los amigos, el colegio. El alma ya define sus perfiles, y empieza el corazón, de pronto, a cultivar un sueño”. 

Así decía una estrofa, la primera de un bolero colombiano compuesto por Héctor Ochoa en 1958, para introducirnos en su obra El camino de la vida, que hoy me viene como agua de mayo para meterme en el complicado papel del pregonero, este que hoy les hablará de la vida de este barrio y de la naturaleza que lo rodea. 

El pregonero, era antiguamente el oficial público que en alta voz daba difusión a los pregones, que eran anuncios para hacer público y notorio todo lo que se quería hacer saber a la población. Pero en la actualidad su uso se ha ido centrando en una persona que es elegida por sus conocimientos, virtudes o status social, para anunciar en acto de gran concurrencia el inicio de las festividades mayores del pueblo que lo desarrolla. 

En nuestro barrio, la figura del pregón y su pregonero se incorpora a las fiestas en 1999, cuando el ilustre vecino, el doctor don Carlos Pinto Grotte que en paz descanse, abrió la puerta con su pregón de recuerdos de infancia a la instauración de este acto. 

El pregón representa una suerte de acto ilustrado que ha traído por este barrio a personas de gran relevancia en la cultura, la ciencia, la educación, el arte, la política, las instituciones, etc., para con sus palabras aportar textos para la historia viñanera, y ayudar con su nombre a enriquecer y difundir el legado de nuestras tradiciones, de nuestro barrio, de nuestras gentes… No se por tanto en qué lugar de referencia me querrán poner cuando me señalen, puesto que allá donde voy, no dejo de ser un simple hijo de La Verdellada. 

Ser el pregonero de estas Fiestas Patronales, y escribir sobre la historia de Barrio Nuevo, me ha costado más de lo habitual, porque quienes me han precedido ya lo han contado prácticamente todo, por lo que con el permiso de ustedes, entre pinceladas de nuestro legado documentado les voy hablar de sentimientos y sensaciones. 

Doña María Rosa Alonso, centenaria e ilustre lagunera, que en paz descanse, incluyó en su pregón de las Fiestas del Cristo de 1953, texto que he leído en varias ocasiones por su riqueza literaria, un párrafo para referirse al otoño, que decía así; 

“En el fluir del tiempo, pasó el invierno con sus intensos fríos y sus copiosas lluvias; la Primavera con sus tenaces brisas azotando las recientes caracolas; el Verano, con su hábito febril sobre el paisaje adormecido. Y llega el Otoño, la más perfecta estación del año lagunero, porque en ella la naturaleza se hace equilibrio y serenidad”. 

Es en ese otoño equilibrado, cuando este barrio nuestro, celebra sus fiestas patronales, en sus inicios bajo la advocación de la Virgen del Rosario, imagen lagunera de gran valor histórico y devocional, que bajaba año tras año desde la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, para celebrar aquí sus festejos de octubre. 

Indagando en los archivos de la parroquia de Santo Domingo, aparecen pocos datos de referencia sobre cuando fue la primera de estas salidas de la imagen al entonces nuevo Barrio de Viña Nava, aunque si consta que se realizaron anualmente, al menos desde 1943, hasta el mismo año en que se creó la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en 1963. 

Las bajadas de la imagen de la Virgen del Rosario a la antigua Viña Nava, coinciden con la explosión del crecimiento urbano del barrio, y marcan de alguna forma, el inicio de la comunidad parroquial actual, y todas las tradiciones que a lo largo de todo este tiempo han confluido en las actuales fiestas patronales. 

Fiestas de las que conserva la familia Palmero, el que pudiera ser el programa de actos más antiguo que existe, del año 1945. Hablamos pues de más de 75 años de fiestas donde la avocación de la Virgen del Rosario ha sido la protagonista, guía y camino para este barrio en el que la parroquia no ha dejado desde entonces de ser centro de la vida social y comunitaria. 

Atendiendo a lo que se ha ido documentando, podemos decir que hay un antes y un después en la historia de Viña Nava tras el inicio de la bajadas de la Virgen de Rosario en los años 40, que incluso influye a que en el año 1952, se promueva desde el propio vecindario y se apruebe por el ayuntamiento, el cambio de nombre del barrio, que deja de ser oficialmente el barrio de Viña Nava, para convertirse de manera oficial en el ya pujante Barrio del Rosario. 

Todos los datos consultados, indican que la antigua Viña Nava, vivió sus décadas de mayor esplendor e influencias sobre la ciudad, entre los años 40 y 60 del siglo pasado. El Barrio del Rosario era el barrio de moda de La Laguna, era el que más escuelas tenía, y ya destacaba como una zona de comerciantes, fabricas, y de plena expansión urbanística y demográfica para la ciudad de La Laguna. 

El trazado de las calles del barrio terminó de configurarse en esos años, en los que sus fincas se fueron vendiendo en parcelas pequeñas en las que se levantaron viviendas unifamiliares, en las que se formaron y crecieron familias de múltiples orígenes, que aportaron una dinámica a la vida social y comercial de la zona de destacado interés municipal. 

Años en los que el barrio también inició la fabrica de su propia parroquia, que con su consagración en 1963, propició que se emancipara de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Acontecimiento que derivó en el final de las bajadas anuales de la Virgen del Rosario, y el inicio de las fiestas en honor de la sagrada imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, una bella imagen traída de Venezuela, que fue donada por el vecino, devoto y señor don Miguel Mamposo. 

No es baladí que sea esta la única imagen de la Virgen de Fátima de la diócesis nivariense, que se le conozca como Nuestra Señora del Rosario de Fátima, nombre que se ha mantenido para denominar su advocación en este pueblo, en recuerdo del origen de la devoción mariana de Barrio Nuevo – Viña Nava, a la Virgen del Rosario. 

La crisis de los años 70, la final del régimen Franquista y el inicio de la democracia tras la transición, sacudió a todos los ámbitos y escalas sociales en nuestro país, y nuestro barrio no quedó ajeno a ellos. 

Entre los años 60 y 70, el crecimiento demográfico del boom de la natalidad, trasformó el barrio, las casas terreras de una planta crecieron en dos alturas, y las nuevas generaciones comenzaron a emanciparse, marchando mayoritariamente a los barrios limítrofes, dejando espacio en sus casas para una nueva moda: el alquiler de viviendas para los estudiantes. 

En los años 70 y 80, el Barrio del Rosario se transforma y con la democracia, instaura su nombre popular como oficial, y comienza aparecer en toda documentación postal como Barrio Nuevo. Fue una reacción popular de las nuevas generaciones, influenciadas por los nuevos movimientos progresistas, los que impulsaron que se comenzará a reivindicar el nombre popular de Barrio Nuevo, que ya se usaba en los años de la república para referirse a aquel barrio que entre los años 20 y 30 comenzó a formarse en los llanos de Viña Nava, al zoco de la histórica Cruz de Piedra y entre los barrancos de la Clavellina, El Drago y Chamarta. 

Fueron finales de los 70 e inicios de los 80, los años en los que el barrio recupera el aire progresista que tuvo durante la república con la sociedad “La Fraternidad” como referencia cultural, y comienzan los tiempos de las asambleas, las asociaciones, el movimiento de estudiantes de todas las islas por sus calles y tabernas, el auge de las cafeterías, los años de la lucha canaria y el fútbol del equipo Viña Nava. Años de aire fresco, cultural y revolucionario, que termina impregnando también las fiestas. Según cuentan los viñaneros más longevos, fueron estos los años de las fiestas populares más recordadas. 

Hay una figura de aquellos años, muchas veces olvidada, que quisiera realzar porque su carisma fue vital en aquellos festejos, Don Antonio Lugo, más conocido como “Antonillo el Corruco”, presidente de las fiestas en esos años, en los que los cochitos locos, los ventorrillos, y las verbenas de nuestras fiestas, se convirtieron en la referencia del octubre lagunero. 

El final de la década de los 80 e inicio y desarrollo de los años noventa fueron tiempos de cambio, cambio generacional, cambio de ciclo, se apagaban las voces revolucionarias de los albores de la democracia pasto del acomodamiento del nuevo sistema democrático y económico, y comenzaban a surgir nuevos hábitos que se alejaban de nuestras tradiciones más señeras. 

Acababa la era analógica y nos preparábamos para entrar en la digital, los representantes vecinales cambiaban con mucha frecuencia sin dar tiempo a consolidar proyectos. Las generaciones de los 90 no supieron mantener el nivel de las fiestas de los 80, no fueron una prioridad, y las revoluciones dejaron de ser sociales para ser municipales, de obras e inversiones públicas. 

Y es que hay otra figura del Barrio Nuevo, que con frecuencia, se intenta olvidar injustamente, sin tener en cuenta que posiblemente sea la referencia política más importante de su historia hasta la fecha. Hablo de Don Elfidio Alonso Quintero, vecino de este barrio que fue alcalde de La Laguna entre el 87 y el 91, y entre el 93 y el 99, y diputado regional desde 1999 hasta el año 2003. 

Elfidio Alonso fue el alcalde de Barrio Nuevo, el alcalde que asfalto calles, renovó aceras y alumbrado público, abrió el centro ciudadano, el polideportivo, el pabellón de lucha canaria, y construyó la vía de ronda. Fue el alcalde que transformó la tercermundista carretera general en la pujante avenida de Los Menceyes en su primera fase, precisamente por nuestro barrio. Y todo ello, que no fue poco, sin aquellas abusivas contribuciones especiales que se tuvieron que pagar en tiempos anteriores. 

Muchas veces dudo de si Barrio Nuevo – Viña Nava, nombre oficial del barrio desde un acuerdo plenario de mayo de 1999 - con Elfidio Alonso como Alcalde - , hubiera logrado los mismos avances y transformaciones en sus equipamientos públicos y de servicios, en esos transformadores años 90, si Elfidio Alonso no hubiera sido vecino de Viña Nava. Se que por mi condición de político en ejercicio esta opinión pudiera ser considerada como parcial, pero lo digo de manera objetiva porque los hechos son reales y fácilmente identificables. 

Los 90 también fueron años de transformación y cambio para las fiestas, que dejaron de ser organizadas por una comisión popular, puesto no se encontraban voluntarios para tan sacrificada tarea, para ser asumidas por la asociación de vecinos desde 1997. De esta nueva etapa que se consolida y desarrolla en los años 2000, surgen actos tradicionales como los pregones, o más recientemente las galas drag y de variedades. 

De aquellos años 90 surge el esquema de fiestas patronales que hemos conservado hasta nuestros días, que año tras año han ido mejorándose en el aspecto popular. En este sentido hay que destacar el importante auge que han ido tomando de nuevo, en la última década, de la mano del equipo que de una forma u otra ha mantenido vivo el incansable líder vecinal, Juan Luis Marín. 

Y en todo este tiempo, la parroquia y sus párrocos han jugado un papel fundamental en el desarrollo social del barrio, cuya historia y progreso, va en línea inseparable con la propia comunidad parroquial desde la propia creación del primer templo en 1963. 

Nuestros curas párrocos, don Leonardo, don Prudencio, don Eusebio, don Manuel, don Aurelio o nuestro querido don Santiago que con 24 años al frente de la misma es quien más años ha permanecido en la parroquia, responsable además de la dura tarea que supuso la obra de este nuevo templo, han sido parte fundamental de nuestra vida social, donde destaca sin duda el papel jugado por Cáritas. 

Y ahora nombrando a Cáritas me ha venido a la mente una mujer, que tenía un corazón inmenso, y que siempre me dio tan bueno consejos, doña Ofelia Cruz, “Fela” que Dios tenga en su gloria. Era una mujer extraordinaria, de profundos valores cristianos, que me dijo muchas veces cuando en los 90 yo presidía la asociación juvenil de La Verdellada, y le contaba aquellas utopías que reclamaba para mi barrio, que nunca me rindiera si lo que buscaba lo hacía con buen corazón. 

Recuerdo algunos de sus mensajes como antorchas en la noche, “Hacer el bien sin mirar a quien”, “No rendirse cuando te critican los que no hacen nada”, o aquel día en que me dijo que “Cuando te sientas triste, vas a la Cruz de Marca que tan bonita dejaste, te asomas al barranco y escuchas a las ranas y las libélulas, y verás que te sentirás mejor, porque entenderás que no necesitas cosas materiales para ser feliz”. 

¿Se imaginan por un momento volver atrás y disfrutar de un mundo sin cosas materiales por las que pelearnos?. En memoria del Fela les invito a pensar en ello... 

Antes de todo lo dicho, lo no documentado, lo que se conserva en la memoria de quienes lo vivieron, y en la naturaleza que nos rodea, todo empieza cinco siglos atrás en un llano cruzado por cuatro barrancos, que con su agua daban vida, entre pedregales, a los mocanes, a la tabaiba, los verodes, quizás algún tarajal, el cardón, el drago, la palmera, los helechos, a los huncos y a los cañaverales. 

Aquel paisaje idílico era el que divisaba el castellano conquistador cuando desde la Atalaya de Gracia, miraba al norte para divisar a lo lejos al valeroso Tinguaro, hijo de Bencomo, que cuidaba celoso el acceso por este llano, al oasis de Aguere. Llano este que defendió con su sangre, para que su raza y su gente no muriera ante la plata espada del castellano invasor. 

Llano que fue testigo de esa lucha entre aborígenes y castellanos, para pasados los años ser suelo fértil de monocultivos históricos como la caña de azúcar, la cochinilla o el almendro. Pero también y sobre todo las viñas de las que tomó su primer e histórico nombre conocido, Viña Nava, en los tiempos en los que los Marqueses de Villa Nueva del Prado, en la figura de su descendiente el de Nava y Grimón, tomó posesión de este llano para hacer de el su principal viñedo. 

Después el llano comenzó a partirse y colonizarse por nuevas almas que durante décadas fueron conviviendo y creciendo junto a los cuatro barrancos que lo trazaban, y con sus aguas alimentaba. Barrancos de vida, que entre charcos de aguas cristalinas daban cobijo a las libélulas, silenciosas zumbadoras que junto a los colibrí, y los capirotes ponían sus tildes al paisaje. 

Y poco a poco comenzaron a trazarse caminos que luego fueron calles, y con ellos llegaron los niños y las niñas, que comenzaron a compartir aquellas aguas cristalinas con el ganado, con la libélula, con la rana y con la señora que en el lavadero realizaba sus tareas de doméstico lavado. Retumban aun los recuerdos del murmullo, que desde el llano se percibía, del chiquillerío en el verano, en los charcos del barranco que aquí llamaban del Drago. 

Y el llano se fue haciendo barrio, y llegaron las fábricas, la iglesia y el sonido de las campanas, el olor a los caramelos Covadonga y a las galletas Himalaya, y las de Saydo… Y la alegría cuando olían ha quemado, porque esos días los niños y las niñas, sabían que junto al puente, junto al barranco, había premio: ¡galletas de regalo!. 

Y llegaron los ricos y se mezclaron con los pobres que cuidaban el llano y el ganado. Y llegaron los médicos, los comerciantes, los bancos y las cajas, los maestros, los curas, los campesinos y los ganaderos se volvieron obreros, y el llano hecho barrio se transformo en pueblo. 

Y con los años el llano desapareció entre casas, y con el los barrancos entre calles, las fabricas y las escuelas con los tiempos, y sólo quedó el recuerdo en forma de sentimiento de quienes escucharon el zumbido de las libélulas, el canto de las ranas, y de quienes se alimentaron con el dulce olor de las galletas quemadas. 

Quedó todo eso en la memoria de las generaciones de nuestros abuelos, que hoy reivindico se enseñe a los nietos, para que nunca olviden lo que costó levantar este pueblo, para que lo sientan suyo y no lo dejen morir en el olvido de los nuevos tiempos. 

Todo se termina, todo pasa, se pierde y se olvida si no somos capaces de ponerle remedio. Si logramos dejar de pensar en lo material, en los protagonismos personales, en las fronteras y en las cosas banales, y empezamos a mirarnos a nuestro interior, a nuestro corazón y rescatamos de él lo que nos diferencia de los seres irracionales. Sólo así aprenderemos a disfrutar de la generosidad que supone dejar paso al que viene, y enseñarle lo que sabemos, y enseñarles a querer lo que sabemos. 

Por ello yo aquí propongo que nos unamos, que hagamos lo que dijo Fela, el bien sin mirar a quien como norma básica de conducta en nuestra vida privada y en la comunitaria. Que no creemos fronteras, y menos entre barrios vecinos y trabajemos por unir familias, por hacer comunidad grande y no comunidad chica. 

Trabajemos por una sociedad tolerante con el distinto, acogedora con el diferente, protectora con el débil, fuerte frente al injusto. Trabajemos por una parroquia abierta y amable, solidaria y expansiva del buen mensaje de María, nuestra patrona, Madre protectora que no distingue entre sus hijos por temas terrenales. 

Trabajemos y reivindiquemos nuestra identidad y sintámonos orgullosos de nuestros orígenes, de nuestras creencias y de nuestra Fe. Impidamos que nadie nos intente suplantar nuestras creencias por sus ideologías, y con respeto digamos sin violencia, que nosotros los cristianos preferimos amar que odiar, incluso a aquellos que no nos respetan y atacan por pensar distinto.

Así pues, recordemos para la eternidad el zumbido de nuestras libélulas, y enseñemos su historia a nuestros hijos, para que ellos enseñes a los suyos y así sucesivamente, el valor de lo que nos ha hecho ser lo que somos. 

Para que les enseñemos el camino hacia lo que creemos, y de lo que defendemos, para que nuestras tradiciones, como son nuestras Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora la Virgen del Rosario de Fátima, sean siempre y para siempre unos días de encuentro, de diversión, de reconocimiento mariano de este barrio, y de proyección de nuestros sueños colectivos como pueblo orgulloso de su presente y de su pasado. Pueblo que no piensa decaer en la ilusión por un prospero futuro de oportunidades. 

Que la Virgen de Fátima nos siga protegiendo y marcando el camino. 

Sean todos inmensamente felices en el lugar que sean amados, para que esa felicidad se multiplique entre quienes les rodeen. Siempre. 


De corazón, Felices Fiestas Patronales 2018,

Y que viva la Virgen de Fátima,

Muchísimas Gracias.


Leído en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima de Barrio Nuevo, el sábado 6 de octubre de 2018.