sábado, 19 de septiembre de 2026

PATRIMONIO HISTÓRICO - LA CASA DEL BARCO

La Casa del Barco, el símbolo patrimonial de la identidad de La Verdellada en riesgo de derrumbe

Más de cuatro siglos de historia, un barco para la leyenda, y un molino de viento tatuado en un corazón verde como símbolo de identidad verdeña.


Si hay un símbolo que todo el mundo identifica como identidad inseparable de La Verdellada, ese es el molino de viento de la Casa del Barco, que además es el motivo central del escudo verdeño, del logo del colegio público o del equipo de fútbol entre otros. Hablamos de un elemento icónico que forma parte de una pequeña edificación de arquitectura rural canaria, cuya data se remonta hasta al siglo XVI en el que aparece por primera vez en un mapa de la ciudad de La Laguna, como estanque de agua y cuarto de labranza en el pago de la "Verdellada", donde se cultivaba un cercado de uva portuguesa "verdello" que le dio nombre al lugar. El estanque se llenaba con agua procedente de un canal que la recogía del barranco, canal que estaba vinculado a la industria de la cal que se instaló en el barranco verdeño tras la conquista, estando estas tierras y sus derechos administrados por la familia del marques de Nava y Grimón. 

Aquella edificación primitiva fue el origen de la actual aljibe, que aparece ya como una edificación techada como pozo de abasto, junto con las construcciones primitivas de la hacienda principal al norte, en planos de la ciudad del siglo XVIII, en los que ya hay referencia del alcornoque.  Sobre el  aljibe se construyó a inicios del siglo XIX la actual edificación anexa, que tenía uso como almacén de labranza, y posteriormente como hogar del medianero y/o servicio de la casa principal, por situarse en su acceso principal. 

Sobre la aljibe, a inicios del siglo XIX, se instaló una veleta de madera para la impulsión del agua, así como la construcción de un estanque anexo junto al alcornoque para controlar los rebosos, como sustituto del pozo de extracción manual. Aquella primera veleta fue destruida por un temporal, y sustituida a finales de dicho siglo, dentro de la reforma con la que se cambio la cubierta (con teja inglesa), por el actual molino modelo americano de la marca Aeromotor, para el bombeo e impulso del agua de la aljibe para el riego de las huertas de la zona. 

De esa obra se conserva en el AMLL un trozo de un plano de 1890, del alzado de la fachada, en la que se aprecia como se buscó dar armonía a unas construcciones precarias existentes, uniformando todo el frente hacia el "camino del valle del Colin" (actual avenida La Salle), que comenzaba precisamente ahí. En este documento se denomina como "Hacienda de Guimerá en el pago de La Verdellada", al conjunto de construcciones de la Casa del Barco. 

Reproducción restaurada del plano con el alzado de la fachada proyectada en 1890.
Ilustración de la fachada, contrastada con los elementos constructivos conservados y el citado plano, de como se veía la casa en la primera década del siglo XX, con el molino nuevo, la capilla en uso, y el alcornoque con su barco en uso como merendero.

Fotografía original de 1895 del fotógrafo aficionado Pedro de Marina Pérez Évora, restaurada con IA, en la que se aprecia el alcornoque con el barco en recién instalado. En la parte izquierda se aprecia el arco de la puerta de la capilla en construcción. En la parte derecha de la fotografía se aprecia el antiguo pórtico de acceso a la finca sur (actual casco de La Verdellada, junto a una cuadra).

Con esta actuación se construyó una capilla en la que hubo una "Cruz de Marca", al menos, hasta la década de 1930, "que se tuvo que desmontar en tiempos de la República". "Las dos puertas de la capilla fueron tapiadas con ladrillos en 1932, para no tener problema con los que perseguían a los curas, y en la del centro se colocó un ventanillo ciego de ventilación del estrecho espacio interior, que fue utilizó a partir de ese momento como almacén". "Allí se guardaban cosas que traían de noche en el contrabando del Filato, y durante la guerra se escondían personas que huían de ambos bandos", tal y como relató sobre sus recuerdos de juventud, en la Revista El Verdeño, don Urbano Cipriano Rodríguez Alonso, en una entrevista que realizó en 1999.

Don Urbano Cipriano Rodríguez Alonso vivió en la Casa del Barco parte de su infancia y juventud, y toda su vida estuvo vinculada con la finca. En 1999 realizó una entrevista de "historia de vida" para la Revista El Verdeño.

Posteriormente, el espacio de la antigua capilla fue usado como almacén de una pequeña tienda de víveres que hubo en la misma Casa del Barco, en la década de los 50 del siglo XX, la que sería la primera venta de la historia de La Verdellada, "Casa Mantonia". "La cruz de la capilla estaba escondida en el almacén, y tras la guerra la sacamos y la colocamos en el exterior de la casa sobre el arco de la puerta de entrada al patio, hasta que mi hermano (Elías) lo tuvo que derribar para que entraran los coches, porque era muy estrecho y no cabían. Finalmente se puso en el muro a los pies del alcornoque en 1965, la cruz era de madera y se estropeo, y cuado rompieron el estanque con la ampliación de la calle se perdió", tal y como relató don Cipriano.

La construcción que conserva el molino de viento, curiosamente, no es la más importante ni más antigua de todo el conjunto que conforma el sitio histórico donde nació La Verdellada, y es que es la "hacienda principal de la propiedad" en el interior del patio, es la más antigua de todas. La casa principal está compuesta, en lo más visible, por varias construcciones siglo XIX con fachada ecléctica de una planta, que se fueron anexando a una casita original del siglo XVI, de la que tan solo queda una antigua cuadra en la parte trasera, que probablemente sea, esa sí, la más antigua de todas las construcciones conservadas en el lugar. 

Fotografía de la fachada de la hacienda principal, en los años 20 del siglo XX., con la ladera de San Roque sin ninguna construcción.

Fotografía de una estampa de verano en el patio de la hacienda, en los años 20 del siglo XX. 

Fotografía de Adelaida Díaz García, miembro de la familia propietaria, en una estampa de recreo en el barco.

Fotografía original restaurada con IA del alcornoque y el barco visto desde el interior del patio de la hacienda a comienzos del siglo XX.


Esta casa en el barrio de La Verdellada, es conocida por sus propietarios en la etapa más contemporánea, es decir, la "casa de la familia Rodríguez Alonso", tras ser adquirida por ellos en escritura pública el día 8 de agosto de 1929, a doña Macrina Díaz García, ante el notario don Adolfo Carrillo y Fragoso. Hoy la hacienda principal ha pasado a una tercera generación de la familia, y actualmente es titularidad de los herederos de uno de sus hijos, don Elías Rodríguez Alonso, desde la partición del testamento en 1982. 

Anteriormente, en el último cuarto del siglo XIX e inicios del XX, la casa y las fincas anexas estuvieron vinculadas a las familias "Guimerá Gurrea", y posteriormente a la de "Díaz de García", que la usaban principalmente como casa de recreo o de veraneo. Era moda en el siglo XIX e inicios del XX, que las familias empresarias de Santa Cruz de Tenerife tuvieran una casa de campo para el verano en las medianías de La Laguna.

Precisamente a una de estas familias de comerciantes de Santa Cruz, y vinculadas a la marina mercante, viene el nombre popular de la "Casa del Barco", que terminó dando más protagonismo a la casa de servicio (la de la aljibe y molino) que a la principal, tras instalar en la copa del viejo alcornoque un barco de madera para su uso como merendero, que fue la icónica imagen que referenciaba el lugar entre la década de 1880 y la de 1940. 

En manos de la familia Guimerá, la propiedad vivió su época de mayor desarrollo, y es que pusieron mucho empeño en contar con una hacienda de campo lo mejor equipada posible, y es que además de reformar por completo la casa principal, reformaron la construcción alrededor de la aljibe, la dotaron de fachada hacia el camino, construyeron la desaparecida capilla con una Cruz de Marca, renovaron el molino que aun se conserva, y colocaron el barco en la copa del alcornoque que terminó dando nombre a la propiedad, en el último cuarto del siglo XIX.

Sin embargo, "el barco se pudrió (por falta de mantenimiento y uso) durante la guerra civil, y fue desmontado y usado como combustible para las cocinas durante los duros años de postguerra", tal y como relató don Cipriano. "Fueron años duros, no quedaba rama seca en la finca para poder cocinar, y el barco estaba destartalado y podrido, por lo que su madera se uso en un invierno". 

Cuando don Manuel Rodríguez Pacheco y doña Antonia Alonso García compraron la finca en 1929, a los herederos de la familia Diaz de García, y se asentaron en ella como residencia habitual con sus seis hijos: Marcelino Manuel, Juliana Onésimo, Antonio, Concesa María, Urbano Cipriano y Elías Rodríguez Alonso, la casa dejó de ser una hacienda de recreo para adquirir vida familiar y social, con gran influencia en las décadas de desarrollo y crecimiento del casco del barrio de La Verdellada en la segunda mitad del siglo XX.  

La hacienda y toda la propiedad asumió el referente nombre de la "Casa del Barco", tanto así que en Barrio Nuevo, entonces el "Barrio del Rosario", al barrio de La Verdellada lo llamaban en sus primeros años "el barrio de la Casa del Barco". La tienda de víveres de doña Antonia, o en los años posteriores la vida cultural en la hacienda, donde se hacían bailes o ensayaban orquestas, le dieron a la casa un aura distinguido. La primera televisión que llegó a La Verdellada, o el primer hogar con luz eléctrica, también son parte de la historia de esta casa.

En 1982, como consecuencia al fallecimiento de don Manuel Rodríguez Pacheco en 1961, y de doña Antonia Alonso García en 1972, se procedió a la segregación de la finca en seis partes, quedando la hacienda en manos del hijo menor del matrimonio, don Elías Rodríguez Alonso, pero con una particularidad, y es que la "Casa del Barco" se dividió en dos partes, por un lado la aljibe con el almacén de la antigua capilla, y por el otro la vivienda del guardián, que hasta esa época era la tienda de víveres. La aljibe se convirtió en una comunidad de herederos divida entre todos los hermanos, y la casa fue para don Elías Rodríguez Alonso.

Desde entonces, a medidos de los años 80, el empresario don Américo Bacallado se interesó por la propiedad de toda finca original, con la intención de urbanizarla de acuerdo con la ordenación prevista en el PERI Urbano del municipio, y comenzó a comprar desde finales de los 80, una a una, todas las partes a los hermanos Rodríguez Alonso. A finales de 1997 el empresario se hizo con la totalidad de la finca en su extremo norte, y en el año 1999 comenzó a urbanizar el llamado Residencial Tinguaro. Nunca pudo comprar las dos partes anexas a la Avenida La Salle, entre ellas la de don Elías Rodríguez Alonso, y gracias a esa resistencia casi numantina no se demolió la antigua hacienda y la Casa del Barco como estaba entonces proyectado.

Volviendo atrás, lo que no se pudo evitar fue la amputación de una parte importante del conjunto de la propia "Casa del Barco". La capilla, ya transformada en almacén, fue demolida en 1998, tras aparecer unas grietas en la fachada y desplomarse el tejado, debido al daño provocado por un almendro que comenzó a crecer en una de sus paredes. Tras el reparto del testamento en 1982, don Elías se hizo cargo de mantener su propiedad en condiciones, sin embargo la aljibe, el molino y la antigua capilla se quedó en el limbo de la comunidad de herederos, y su mantenimiento fue nulo, y con ello el deterioro de esta parte se aceleró. 

Fotografías de la fachada en 1997, en la que se aprecia el almendro, y las grietas en las paredes, que a su vez dejaron ver las antigua puertas de la capilla.

Imagen de la grieta, con la que se dejaron ver las antiguas puertas de la capilla, y que determinaron la demolición parcial de 1998.

 


 

Imágenes de la demolición en 1998 de la antigua capilla -después almacén- adosada a la aljibe de la Casa del Barco.

Contextualizando, recordamos que en los años 90 del siglo XX, la concienciación sobre la identidad histórica de La Verdellada comenzó a aflorar con la pérdida de su patrimonio histórico y natural. La urbanización del lomo verdeño, con la demolición de las casas y cuadras históricas que allí existían, las tres eras que desaparecieron con las obras, o la canalización del barranco con la desaparición de las cuevas con restos aborígenes, o la fuente del charco de la fajana, fueron el detonante del movimiento por la protección de lo poco que quedaba. Salvar la Cruz de Marca, los molinos de agua del barranco, y la Casa del Barco se convirtieron en punta de lanza para el movimiento vecinal del barrio.

La demolición de la capilla de la Casa del Barco, fue la gota que colmó el vaso, ya que la Asociación de Vecinos Los Verdeños y Ajuve, habían solicitado al ayuntamiento, que se dispensara ayuda a la propiedad para reparar la pared y restaurar la casa y el molino. Como respuesta, el ayuntamiento se coordinó con la Asociación de Vecinos Tinguaro, asustando a parte de la propiedad con la responsabilidad penal de que la pared se derrumbara y provocara una desgracia, para agilizar la demolición. "No estaban por la labor de proteger el patrimonio, sino más bien de eliminarlo por el progreso".

Desde 1992, la Asociación de Vecinos Tinguaro, debido a la inactividad de Los Verdeños en aquella época, se había arrogado la representatividad de La Verdellada, y había promovido junto con el ayuntamiento la finalización de la Avenida La Salle, ensanchando y demoliendo por completo la Casa del Barco, y talando el alcornoque. La falta de consenso entre los propietarios impidió la expropiación, y ello dio tiempo para generar conciencia colectiva en el barrio sobre su valor patrimonial. 

La Asociación de Vecinos Los Verdeños, tras la demolición de la capilla, se movilizó y promovió la protección de la Casa del Barco en el PGO que se tramitaba y negociaba en aquella época, como equipamiento cultural, para que se pudiera promover la compra a sus propietarios. Como alternativa al ensanche se aprobó la creación de la llamada "variante de la Casa del Barco", un desvió viario a través del patio de la antigua hacienda, que evita la demolición de la Casa del Barco, y mantiene la titularidad privada de la hacienda. Esa solución, nuevamente no fue respaldada por la totalidad de la propiedad, y con ello se enquistó en el tiempo una salida de consenso. 

 
INTENTO DE ACTUACIÓN EN 2014

En 2014 se intentó la rehabilitación de la aljibe y del molino de viento con una inversión pública sin coste para la propiedad, al tiempo que se encargó la tasación del conjunto para iniciar un expediente de compra a medio plazo. Aprovechando las obras de remodelación de la Avenida La Salle que se llevaron a cabo ese año, con las que se peatonalizó el entorno de la Casa del Barco para proteger el alcornoque y la propia casa histórica, las concejalías de obras y de patrimonio, plantearon una intervención de choque para rehabilitar el molino de viento y hacer una tarea de mantenimiento y consolidación de la aljibe, para su conservación. 

La iniciativa quedó bloqueada por la imposibilidad de localizar a todos los propietarios, además de por la negativa de una participación de la comunidad de herederos que rechazó directamente la intervención, exigiendo la compra u expropiación, dado que en el PGO vigente la propiedad se clasificó como uso comunitario cultural con la idea puesta en su adquisición pública y restauración, y tras 20 años no se había iniciado nada.

El obstáculo está en que la aljibe, y con ella el molino de viento, al considerarse en testamento como una infraestructura comunal para el riego de las huertas originales de la propiedad, se partió entre los hermanos Rodríguez Alonso, por lo que ahora mismo está incursa en una comunidad de herederos que ronda el medio centenar de participaciones, entre hijos, nietos y bisnietos de los hermanos Rodríguez Alonso. Aquella iniciativa municipal requería de una aceptación unánime de la propiedad que no se logró, y sorprende que no se hiciera nada más en los años siguientes, en los que el deterioro de la aljibe y molino de viento ha ido a más. 


En 2014 el ayuntamiento llevó a cabo una obra de mejora del entorno de la Casa del Barco, e intento restaurar el molino de viento. No hubo consenso con la propiedad.

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La vegetación desbordada pone en riesgo de derrumbe el patrimonio histórico de la Casa del Barco

Una palmera, un almendro y la maleza crece sin control sobre la cúpula de la aljibe del siglo XVI de la Casa del Barco, cuya estabilidad estructural podría colapsar. La aljibe de la Casa del Barco es propiedad de una comunidad de herederos.

La cubierta de la bóveda de la aljibe, a los pies del molino de viento, esta totalmente llena de maleza y crece peligrosamente una palmera canaria, cuyas raíces ponen en serio riesgo estructural la casa histórica.

Si ya en 2014 la situación estructural de la aljibe y de deterioro del elemento de patrimonio industrial que representa el molino de viento, era importante, la situación doce años después es alarmante. En este periodo la vegetación ha crecido sin control sobre la cubierta abovedada de la aljibe, con el agravante del tipo de plantas que crece ahora, nuevamente un almendro y una palmera canaria, que son lo que más preocupa, porque sus raíces y peso podría provocar el colapso de la cubierta de la aljibe, y tragarse con ello el molino de viento, y la casa histórica en su conjunto.

Tanto CC, como Psoe o Unidas se Puede, entre otros partidos que no han gobernado, llevaron en su programa electoral municipal en distintas elecciones la recuperación patrimonial de la Casa del Barco, ninguno ha vuelto a poner sobre de la mesa ninguna iniciativa política para evitar que se pierda para siempre un elemento tan importante y significativo de nuestro patrimonio histórico y cultural. Por lo tanto no es un tema de partidos políticos exclusivamente, es un problema de falta de interés general y social, que roza la hipocresía, la de poner el molino en un corazón verde y al mismo tiempo dejar por acción u omisión que se pierda para siempre.

La situación es lo suficientemente preocupante para que se actúe de inmediato, ya sea por parte de la comunidad de propietarios, o por el ayuntamiento de manera ejecutiva, porque lo que sería imperdonable es que teniendo conocimiento de la información, la ciudad patrimonio de la humanidad permita que se pierda para siempre el último molino de viento que queda en La Laguna, el más icónico elemento del patrimonio doméstico e industrial que le queda a la ciudad y símbolo identitario de La Verdellada.

La Asociación de Vecinos Los Verdeños fue quien en 1998 logró parar la demolición de la casa en su totalidad cuando fue derribada la capilla, y promovió su protección en el PGO como equipamiento socio cultural para que se pudiera promover la compra a sus propietarios. El PGO está vigente desde 2004, y hasta la fecha el ayuntamiento no ha decidido hacer nada más, que aquel intento de rehabilitación de 2014, en el que se encargó un tasación municipal por parte del área de Obras e Infraestructuras para valorar la compra o permuta de la propiedad, para promover una intervención directa de rehabilitación. 

Desde entonces, las ideas e iniciativas dejaron de crecer, para dejar que crezcan las plantas y malezas que tapan la historia, pero que difícilmente podrá esconder la vergüenza de una sociedad incapaz de hacer nada para salvar su patrimonio histórico. Con la Casa del Barco no sólo cae un viejo molino de viento destartalado por el olvido de su pueblo, o la dejadez de sus propietarios, lo que cae es la identidad de un pueblo, y el telón que tapa la falta de interés de un ayuntamiento que se vanagloria con la protección de su patrimonio histórico, cuando se derrumba todo detrás del decorado.



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